EL VIEJO POETA

No has entendido nada, me dijo.
Ya basta de tantos árboles en otoño.
¿Acaso sus sombras cuando cae la tarde
te cubren con su capa melancólica
protegiéndote del frío inevitable?

Y ese mar alrededor de todo,
brillante como una baratija,
¿crees que alguien se detendrá a contemplarlo?

Céntrate en las cosas importantes:
la mujer que se quita su vestido lentamente,
el hombre que la observa
consumido por la lujuria.

Y que no falte el vino.
Deja que el vino te hable
cuando todos empiecen ya a dormirse,
enfrentados a sus temores
como soldados en una vieja guerra.