CABALLOS

Varias sillas de plástico
colocadas frente a la puesta de sol,
vacías por ahora.
Unos pescadores tratando de llevarse
algún trozo de mar a sus casas
mientras yo dedico la tarde a averiguar
qué es lo que permanece oculto
tras la línea del horizonte.

Esto ya ha ocurrido cientos de veces,
me digo, pero sigo mirando.
El problema es que la memoria y el olvido
están siempre demasiado juntos,
como dos caballos que galopan sin rumbo
a mucha distancia de aquí,
algo que hace que sea aún más difícil
distinguir cuál es cada uno.