EL DIARIO

Abrí tu diario por una página al azar
y me quedé mirando
durante un rato, en silencio.

Apenas había un garabato,
la tinta enrabietada,
como después de un día largo.

Pero allí pude ver aquel atardecer en la costa,
perfecto, solemne,
tú y yo buscando algo en el horizonte,

tu pendiente perdido
o, quién lo podría asegurar ahora,
tal vez solo un barco en la distancia.