UNA VIEJA HISTORIA

El peregrino pasa,
escribe sus huellas en el camino de tierra,
el viento las borra
con sus manos pesadas.

El copista, poco después,
anota las huellas antes de olvidarlas,
coloca piedras sobre cada una,
observa el resultado satisfecho.

A la mañana siguiente
no quedan ni huellas ni piedras,
nadie sabe dónde está ahora el peregrino,
por dónde ha de llegar.