ADOLESCENCIA

La luz del comedor encendida,
puedo verla desde el fondo del pasillo,
como si estuviera sentado en mitad del invierno
mirando esa pequeña barca rojiza
balanceándose a solo unos metros de las rocas.

El mar bate con fuerza,
el viento arrastra sus cosas de un lado a otro,
yo me reclino en la silla
y miro al techo que parece oscurecer,
alguien se acerca a mí,
recoge el antifaz de la adolescencia,
se marcha sin decir nada.