PATOS

La oscuridad llega primero
a los coches aparcados,
después se encienden las farolas
como cerillas sostenidas
por cientos de manos incansables.

Eso es más o menos lo que podrías ver
si salieras ahora.

Pero has preferido sentarte en una silla
en mitad de la salita,
la radio sonando,
los patos del cuadro girando
en el lago en calma,
encerrados por ese marco horrible,
como algo que no puede dejar de volver.