SI YO FUERA UN CARPINTERO

Un gato es un dolor en la avenida,
una cortina guarda sus palabras
detrás de todo. Aún es pronto.
Las cartas traen ciudades o solamente
nombres. En mi bolsillo
se arrastran las monedas, la pobreza
de los días que van pasando
como barcos en los calendarios.
Alargo la zancada, por mis brazos
cae el sol y no se rompe. Otra vez
ahí arriba, sobre los toldos abiertos
o en las quejas de las ventanas.
El gato ha corrido bajo un coche.
Busca en su sombra un país
más tranquilo. La cortina
empieza a moverse. Es el viento,
el aliento que exhala el corredor
de fondo, el silbido de una campana
que empaña la tarde. Mientras un tren
se aleja. Solo es otra mentira dicha
para tranquilizarnos, su lento tatuaje.