LO QUE DECIMOS COMO UN AVISO

Los días de lluvia mirábamos al cielo
como ropa tendida, preocupada.
Cansados de la seguridad de los fármacos
nos adentrábamos en los salones
de los edificios en construcción de la memoria.
El ruido bombeaba nuestra sangre
igual que un reloj que atrasa.
Éramos felices cuando el televisor ponía énfasis
en todos los sueños que estaban por venir.
Las cosas se caían pero nunca se rompían.
Nuestros huesos crecían fuertes y sanos,
por las noches los zapatos no nos hacían daño.
Teníamos fe y hambre nueva.
Todo lo que decíamos volvía una y otra vez,
como un boomerang,
para recordarnos que así había de ser.