UN ARTISTA DEL TRAPECIO

Después de leer a Kafka estuvo lloviendo durante días en nuestro apartamento. A ti te gustaba caminar bajo la lluvia, la luz era un tubo fluorescente o un grafiti.

En invierno las cosas pesan más y todos los barcos son barcos hundidos, dijiste.

Cuando salías de la ducha el olor a jabón corporal llegaba hasta las páginas del periódico. Era una sensación de calma, como el instante anterior a una tormenta.

En verano hay demasiado de nada en el cielo y el sol es una puerta cerrada.

Después de leer a Kafka los niños estuvieron lanzando piedras contra las ventanas del mar. A ti te gustaba mirar a través de los cristales rotos, el silencio era un pájaro agarrado a los pies del horizonte.