JERRY LEE LEWIS

Tocaba el piano como si le estuviera dando una paliza,
tocaba como si llevara dentro al diablo.
Grandes bolas de fuego. El asesino, le llamaban.

Aquella mañana puse un disco mientras tomaba café
y el sol trabajaba sobre las casas bajas,
pensé en ti, pensé en que pronto iba a morir,
pensé en todos los lugares que me habría gustado visitar.

El mar, un poco más lejos, hablaba despacio,
algunos barcos, pájaros apoyados en los árboles
como cantos rodados, toda la oscuridad de los callejones
hecha pedazos de repente, la noche un gato escabulléndose.

Después de todo, uno siempre acaba quedándose solo.
El asesino, le llamaban. Y una bolsa de plástico
jugaba a envolver el viento a lo largo de la avenida.