CÉSAR VALLEJO PADECE INSOMNIO

Me perdí leyendo a Vallejo,
la lluvia se sumergió en una lámpara sin testigos.
Pasó la noche, su tigre ajustado
a la ceniza de la luna, su cáscara vacía
de barcos que mueven la marea de la sombra.
Quizás el violín de la casa sin nadie
fue una multitud en cualquier otra parte.

Esto es lo que sé: tus manos nunca han sido
una bahía, ni mi abrigo el verano
donde alguien grabó sus iniciales.
Cambió el calendario su maniquí de nieve
por un árbol que arrastra las palabras.
Y la mañana me dejó café en la mirada,
ahora que el sol se astilla en los andamios.