CAMINAR BAJO LA LLUVIA

La memoria se ha arrojado desde el balcón.
Por donde empieza la noche es más fácil darle forma
al mundo, o encontrarse con paisajes
que la infancia no ha arrasado.
Trazar las paralelas del silencio de un árbol ciego,
soplar las ascuas débiles de un fuego amigo.

Caminar bajo la lluvia es sencillo y es barato;
vencerse en el miedo del mar, algo con lo que entretenerse.

Las habitaciones de hotel ablandan la nostalgia,
su Ítaca vendida a precio de ganga,
esas ganas de alejarse del hogar.
Entonces andar es una cuestión de tozudez,
el tartamudeo de unas calles ordenadas al azar.

Coger aviones, buscar taxis, difuminar vagones de metro.
Las ciudades nos ofrecen sus recursos,
soledades que los sastres
reconocen en los recortes de nuestras camisas.