POSTAL NAVIDEÑA DE UNA PROSTITUTA DE MINNEAPOLIS

Los árboles están numerados en secreto.
La calle entera son hombres inclinados con carteles
y nerviosas luces navideñas. ¿Sirve de algo
saber que el río tocará como un pianista ciego?
Apenas queda viento en la antesala de las ramas.

La noche vuelve, el calor no dura demasiado
en las relojerías. Ella tiene prisa,
pierde un pendiente, llora cuando escucha a Etta James.
Tu traje sigue siendo una madriguera arrugada
y los árboles se balancean metódicamente.

La luna menguante está poco más allá del semáforo,
inalcanzable. La masa del cielo se desparrama
por todas partes. También hay campanas
que llegan despacio e infantiles pasos de peatones.
Cuando estés en el lugar señalado ella será otra

o ya se habrá marchado.