NADIE SABE CÓMO PASA EL TIEMPO

El andén por el que corría
-siglo pasado, pelo casi rubio,
manos torpes, claridad de cielo azafrán-,
el andén por el que corría
se diría que sigue siendo el mismo,
la memoria no ha trabajado demasiado.

Un tren huye despavorido, hacia el norte
o hacia el sur, da lo mismo,
me hace pensar en el verano interminable,
aunque sé que nada es interminable,
un puente sobre un río, poco más que eso.

Anuncian por megafonía algún destino,
el mar, una tarde antigua,
nostalgia alfombrada al volver a casa,
tu cuerpo se desnuda, la ropa a un lado,
desocupada, luz de una lámpara,
y las manos aún torpes,
las manos siempre torpes.