LIBRO DE RECLAMACIONES

No tengo nada que añadir:
la mañana está oscura como si el invierno entero
hubiese caído sobre un cesto de naranjas.
El cielo es inútil como unos guantes
en el calor del desierto.
Todas las salidas tienen un cartel en lo alto
dando explicaciones y la noche
se posiciona en contra de las copas de los árboles.

Así es que una conversación solo conseguiría engañar
a unos pocos, el verano cruza la avenida
envuelto en harapos, en los ascensores
la gente se siente observada y los autobuses
vuelven una y otra vez como un carrusel incansable.
Tenemos que pensar en ello, fue lo último
que dijiste, pero pensar en qué,
si al tiempo le pesa el reloj como a un hombre solo.