CUANDO TE DESPIERTAS Y TE SIENTES VIEJO

Hay una prisa conocida en los taxis,
hay colegios donde el sol pone a la vista
el polvo de los diccionarios.

Pero ya no nos asusta el león escondido
en las excavadoras.

Hay gente durmiendo en la intemperie
de los centros comerciales,
hay detergentes que mueven
el viento sucio de algunos bosques grises.

Pero ya no nos impone el mar abierto
de los calendarios.

Los días se hicieron transitables
en los paraguas que abre la memoria.
La sombra de los edificios tiene el tamaño
de la sombra de un hombre solo.

Y ya no nos conmueven los amaneceres
de las tiendas de ultramarinos.