UNA MAÑANA, UN DOMINGO

El mundo se ha vuelto
mucho más pequeño en los últimos años.
Eso parece darte seguridad. Los coches
siguen pasando por delante de la cafetería
y en tu cartera siguen estando las fotografías
de algunas mujeres o de cuando eras un niño.

El camarero que te sirve otro café
viste un uniforme de la II Guerra Mundial.
La chica que habla por teléfono
dos mesas más allá se parece a Audrey Hepburn,
pero desde luego no puede ser ella.
¿Estás seguro? ¿Te has fijado bien?

Te levantas, dejas algo de propina
junto a las dos tazas de café y sales a la calle.
Hay dos o tres edificios en ruinas
y algo más adelante una inmensa catedral,
erguida como un superviviente. Quieres volver
a casa, pero has olvidado el camino y dónde estás.