SOBREVIVIR EN EL SIGLO XXI

He aprendido a quedarme a solas.
Puedo sentir las tuberías de los relojes
moviendo el agua de la mañana,
el aire vacío de los altavoces
si pongo un disco y no miro a nadie.

He escrito un océano para quedarme
a un lado, viviendo al margen
de un cuerpo que suda o tiembla.
No nieva ya la lámpara encendida
si la casa se queda vacía.

He aprendido a ser uno solo.
Todos los días limpio la maleza
de los ojos, froto mis rodillas
con el estropajo mordido de la rutina.

Poco sabe del bosque de mis guantes
quien se ha marchado
por la misma puerta que dejó abierta.