MIRANDO UN RÍO SENTADO EN UN SILLÓN

El río avanza como una corbata sin principio
ni final, envuelto en hierba brillante:
ese es el trabajo que le han encomendado.

Se lleva el dedo índice a los labios,
como diciéndome que guarde silencio,
como pidiéndome que escuche algo solo para mí.

El río avanza, porque avanza,
aunque parece estar completamente quieto,
inquietos sus cientos de pies diminutos.

¿Y dónde estabas tú cuando coloqué el invierno
en las manos sucias de aquellos árboles?
Tal vez leías una novela francesa en tu cuarto,

tal vez contabas la luna hinchada en un cielo
amarrado al techo de un barco en alta mar.
O tal vez no hacías nada de eso.