LOS VIAJES: PEQUEÑAS HABITACIONES

Nos perdimos en ciudades
que no querían saber nada de nosotros,
así son los viajes, corazones de lejía.

La luz era importante, para las fotografías
y los cafés en las terrazas a media tarde.

Después subíamos a habitaciones pequeñas,
donde el sol se despegaba
del papel pintado de las paredes.

No éramos siempre nosotros,
y sin embargo reconocíamos los espejos.

Y las camas terminaban deshechas,
antes de marcharnos, antes de que otros
enmarcasen su nostalgia en nuestro vacío.