LA INVENCIÓN DEL VIENTO

Estuve horas mirando las páginas en blanco
de la hierba, los pies helados
de algún árbol torpe y los bancos vacíos.

Pensé en todos esos edificios
que poco a poco han ido aplastando el cielo,
sus ventanas pintadas con pulso tembloroso.

El viento debe ser algo que la gente tema
de verdad, algo como un cuchillo
en la garganta de los portales

o el techo de un salón viniéndose abajo
en una fiesta. Después volví a mirar
la hierba, llena de voces negras esta vez.