LA INFANCIA, LAS CASTAÑAS

La mirada se entretiene
con el olor de las castañas asadas,
calle abajo
hasta que ya no se ve la tarde.

La infancia es ese olor amable
o un espantapájaros
que ya no sirve para nada.

Después de la tarde hay un frutero.
En el frutero
rompen las olas del mar, violentas,
entre la luz de una farola
y la siguiente.

Y el otoño a un lado, cabizbajo,
sigue las líneas de una mano.