EL ATARDECER ES UN PERRO PERDIDO

Igual que el muelle
donde se desviste la niebla,
nosotros mirábamos los barcos
disolverse silenciosamente.

Las redes olvidadas
coloreaban nuestros ojos, ataban
nuestros pies al mundo lento,
a los recortes del mar.

Cuando la noche llegaba
en el cuervo vacío.
Cuando el verano era un trato
entre un niño y una bicicleta.