PEQUEÑOS RUIDOS, PEQUEÑAS MAÑANAS

Los pensamientos de ayer
se han extendido hasta hoy, lenta
pero definitivamente,
como una enfermedad terminal.

La niebla es un cáncer masticando
el cielo y las ventanas del mar
siempre están abiertas.

He celebrado muchos días
con versos
que mentían nostalgia.

Ahora solo quiero bailar
hasta apagar las ascuas de mis pies,
golpear con mi cuerpo el aire
que se ríe a nuestra espalda.

Y cerrar esas ventanas
para que no vuelva a entrar nadie.