¿NO TE PREGUNTAS A VECES EL MAR?

Hacemos zigzag una avenida,
la llenamos de mundo. Pongo la luz
de una farola en la punta de tus zapatos

y te digo que es el electrocardiograma
del mar. Tú me dices que no sabes
leerlo, pero no importa, el viento se lleva

el viento sobre nuestros hombros.
Agua salada corazón: la versión celeste
de un pez que abandona el bolsillo

de tu cazadora. Y después miramos
la luna: esa baldosa de mármol olvidada
en la sala vacía de algún museo.