HOY MIS MANOS SON UN PAÍS EXTRANJERO

Bailas en un bar una canción que no entiendes,
como las leyes de la termodinámica
o algunos juegos de cartas,
tarareas el frío de una calle desierta de madrugada,
subes escaleras que corren por un campo de perlas,
empujas el cielo de un cigarrillo
desde la oscuridad total hasta una zona en penumbra.

También, otras veces, dejas que se disuelva el azúcar
en el café o cuentas la historia de cómo os conocisteis,
describes el escenario sin fijarte en el brillo
que tenía el mar hacia las siete de la tarde
ni tus manos balanceando un sol tibio.

Así pasan algunas cosas, como un desfile de árboles
de hoja caduca o un payaso soplando burbujas
de jabón. Así pasan algunas cosas
y yo no sé qué decirte para que deje de llover
en las mangas de tu jersey flojo como el otoño
o para que el ruido gris del viento caiga
desde tus labios pintados al suelo del bosque
sin molestar a los vecinos.