NINGÚN LUGAR VUELVE DE NUEVO

La calle que aprendiste
desde que eras un niño no te dirá
dónde estás, ni la insatisfacción
de los escaparates, ni el rubor negro
del portal que reconoces como tuyo.

Tampoco el aroma de la panadería
a primera hora, que se parece
a un bosque que siempre
ha estado ahí, esperándote.

Esos autobuses vacíos, llenos de olores,
como tarros de mermelada,
seguirán pasando. Y las llaves
abrirán puertas que muestran
la marea de los pasillos, cuando la noche
se puede oír en las lámparas apagadas.

Pero nada de eso te dirá dónde estás.
Ni las noches ni los días
regresan en el agua de los grifos.