HACE SOL, DESPUÉS NO HAY NADIE

Hace sol, se duerme en la mano
el tiempo, igual que una bandera
que el viento desenreda.

Pienso en trenes, en destinos, no
en aeropuertos: un paisaje
recortado por una ventanilla:
un cuerpo donde vencerse.

Recorro una plaza como un reloj
de bolsillo, la solitaria sombra
del campanario.

Después no hay nadie. Después
un bosque es una silla,
peces saltan de una radio,
la ropa se mezcla con los gestos.

Y el sol sigue trabado
en la puerta giratoria de un hotel.