FUERA DE LA NOCHE NO QUEDA NADA

Una mujer dando de comer a las palomas.
Algo así de sencillo. Desmentir la soledad
con trozos de pan o cerillas
que ya nunca se encienden. Esas farolas
tan cansadas de su rutina negociada y su oleaje.

El mar no tiene sitio en esta ecuación.
Los cajones y el armario, esta vez, están vacíos
de nostalgias. Ninguna mudanza es tan cruel
como no ir a ninguna parte. O los peces
de un nombre que se pronuncia solo de noche.

Cuando una muchedumbre cruza por las manos
sin previo aviso. Cuando nadie mira
porque todo es demasiado evidente. Como la mujer
dando de comer a las palomas. Algo
así de sencillo. Algo que acaba pasando de largo.