ALEJANDRA

No queda nadie en la habitación
llena de gente. Háblame de Alejandra,
del cuaderno que siempre llevas contigo.
Estoy solo, deshabitado.
Digo que miro el mar, busco el horizonte
bajo un cojín desteñido.
Apago el televisor, finjo un cielo estrellado.
Pregúntame por el camino que recorrí
para guardar este crepúsculo en el bolsillo,
este viejo llavero. Tus uñas mordidas,
la lentitud de las manos cuando buscan,
un vals no es aburrido. Háblame
de los puentes que unen las islas
con sus noches, háblame de Alejandra.
El miedo es un tren tocando un piano:
también se queda atrás,
aunque la música siga sonando.