NICK DRAKE

Al mirar, la ventana entra
blanca. Palabras como barcos hinchados
ocultan la sombra de los semáforos.
Necesito un árbol que actúe
como el mar: yendo y viniendo,
tumba de estrellas de corriente alterna.

En qué pasillo la lámpara olvidada
descuelga atardeceres sin horario.
El horizonte de tejados deja sitio
para los ojos que balbucean pájaros rotos.
Nadie está a salvo del desabrigado
frío del ocaso, ni siquiera en los jerséis.

Tengo una cuchara y un plato:
mi trabajo consiste en recuperar todo el sol
que la hierba ha escupido.