LA CANCIÓN QUE ESTABA SONANDO


Junio llegó por la puerta de cristal

de un hotel o por la ventana entreabierta
de una lavandería. Había camareros
colocando cubiertos en el sol y sacerdotes
repartiendo heridas por las rodillas celestes.
Había muchachas con manos de leche
y cuervos tirando de los ojos del viento.

Junio llegó y no pasó nada: toda la lluvia

estuvo a punto de caer, como siempre,
y algún barco desató el lazo del muelle.
La niebla dobló los codos de la sierra
y los autobuses volvieron al mar
con los bolsillos llenos de nieve. Tu voz
se descolgó de una fuente. La hierba

pisó la hierba que primero ordenamos 

en los zapatos. Y nadie supo
que la canción que estaba sonando
era un soldado que ya no podía dormir
o una estrella que no sabía silbar.