EL PIANISTA DEL DADO DADÁ

El viento pulsó mis dedos y un zapato
en mi zapato se puso de puntillas.
Cosí negras notas a los pantalones del cielo
como una tormenta furiosa
o una lluvia sin convento.

Esto que ahora arrojo es el desperdicio

de algún pájaro. Quizá otro pájaro
venga a sentarse en él
o algún niño se quede mirando
el mar abierto en las alas cerradas.

La noche se muestra, el vestido

se cae, la luna en la tierra se encierra.
Y al final de la canción todo el mundo
aplaude: cuestión de educación
o simple complacencia.