AMÉRICA

Volvimos al fondo del salón, volvimos
a ver la hermosa carabela que esperaba
en la ventana de la mañana. Los libros
no se habían confundido. Vimos América
con los ojos nuevos del mar, nos manchamos
los dedos con el cacao de una puerta abierta.

El tiempo fue un árbol sin nombre creciendo

en el puño de una camisa. Quisimos envolver
la playa con una gaviota. Pero no supimos
cómo. Sentados junto al océano de las tazas
de café. Sentados con el sol rayando
nuestra espalda, corriendo descalzo el mediodía.