HERMANOS


Caminábamos sin hablarnos,

porque así aprendimos en la escuela
que pasaba el tiempo.

Pasaba el tiempo

por las frutas que no nos gustaban,
por las islas sin mar

ni náufragos.

La ciudad pulsó nuestras costillas.

Como un piano

que sonaba en una casa vacía.

Como un piano

ya no reconocemos nuestras manos.