NO HAY CARRETERAS EN LAS MANGAS DE UNA CAMISA


El sol se acerca al horizonte

como si tuviera algo que decirnos.
Todos están quietos, expectantes.
En la plaza crece un árbol:
aplasta el cielo: respira hondo.

Miramos lo que otros han mirado:

gastamos la playa abierta
hasta aburrirnos. Pero llueve
en las manos de un niño.
Solo allí parecen estar las cosas
en su sitio.