PRIMAVERA TIENDA DE EMPEÑOS


Ocurrió que alguien dejó una mano

apoyada en la incertidumbre
de un picaporte. El pájaro trágico
se atrevió con los escaparates y rompió
a cantar, como el día en mitad de la noche.

Los maniquís estudian los rostros y después los repiten.

En la tienda de empeños alguien me mira

con el viejo reloj de oro de mi abuelo:
me dice la hora a la que habré incendiado
mi solo cuerpo y después me da la espalda.