LA ADOLESCENCIA ES ESE TRAJE QUE YA NO ME SIRVE


Ahora soy otro paisaje y os veo

como cuervos caminando por los cables.

Amplios salones de campos amarillos

cruzan por mis manos sin saber hasta dónde.

La vajilla del cielo está rota: el atardecer

juega en la rama de un árbol y se esconde.

Bajo el jersey el corazón guiña los ojos:

la luz de un sol más confuso se vuelve molesta.

He aprendido, al fin, a deletrear la hierba.

Ahora soy otro paisaje y lloro más despacio.