RENÉ MAGRITTE


Este es, digamos, el cielo que te gustaba:

cubertería de plata, bailarinas de cera,
mariposas con cuerpo de bronce embaladas
con cuidado. Alguien posando gorriones
en los percheros de una habitación vacía.
Alguien hablando de un río rubio
en el atardecer de un pez arrancado al agua.

Este es, suelo pensar, el cielo que te gustaba:

un safari en la punta de la lengua,
relojes dando instrucciones a las agujas de coser,
hilo dental cerrando una herida estrellada.
Y alguien recorriendo descalzo la ventana
de una cerilla. Y otro subiéndose al taxi
que esconde el mar abierto en la guantera.