OTRO ATARDECER CÍTRICO


El taxi sigue su rumbo de pez

sin órbita. Aquí los taxis
no son amarillos, ni rojos. Son

blancos. Y las calles negras,

como si alguien hubiera vaciado
un televisor sobre el mundo.

Las ambulancias hacen girar

sus manos de colores vivos
como espantapájaros modernos.

Los edificios, a grandes rasgos,

son acordeones
con las uñas mordidas.

Nadie los oye, pero pueden

exprimir otro atardecer cítrico.