NUESTROS CUERPOS QUE SON UN RÍO


Hay un incendio tan largo

como una tarjeta de visita que alguien
dejó olvidada sobre la mesa del comedor.

El roble, ya horizontal,

cumple su función, y tus ojos
se caen por todas partes, sin color.

Mis manos son una sinfonía, te digo.

Escucha lo que ocurre debajo de las uñas,

nuestros cuerpos que son un río.