LO HONDO DEL OCÉANO


Te he estado buscando. Alguien

cambió de lugar el alfil y la torre.
Esta mañana no llueve. Cuando llueve
parece que llevara años haciéndolo.
Es como los engranajes de los relojes.

No tengo ningún remedio para la lumbalgia

de la avenida. A pesar del dolor
la gente sigue moviendo sus chaquetas,
el tráfico avanza como las hormigas.
La lentitud de esas manos me recuerda

a un busto sin ojos. A mí me ocurre algo

parecido. Las farolas pierden su utilidad
a esta hora. Y yo, hundido
en la ventana, decido dejar de buscar.
Se ha perdido la señal del televisor.

Tu voz es un lagarto abstracto y un trozo

de sol apoyados sobre una piedra.