LAS CIUDADES INÉDITAS / 8


Deberíamos tener en cuenta un alfabeto hecho

con cerillas y paraguas, las señales de tráfico
que rezan cuando cae la noche sobre los platos

rotos, las raíces cuadradas que solo resuelven

la marea baja de los calcetines. Deberíamos
volver y devolver los pies a sus zapatos,

recordar que Narciso se hundió en sus manos,

correr por recorrer la cuerda de los relojes
que tiemblan en los bolsillos de los ríos. Mira:

las luciérnagas brillan porque sus dedos están

llenos de hierba, y la hierba enciende las bombillas
de los campos en un ejercicio gimnástico,

y más allá del árbol la luna es un candado.