LAS CIUDADES INÉDITAS / 5


La mañana llena de nubes de estilo cubista

y los barrenderos limpiando con pesadez
nuestras lenguas adoquinadas,
donde las ranas saltan y los ríos se detienen
para ver pasar el agua: nos quedamos
con los huesos del paisaje y una calle
guardada por leones de piedra.
Y no hay mucho más que decir
hasta que alguien abre una ventana
e inventa palabras que acaban cayendo
de algunos árboles, palabras que después
estarán en venta en los mercados
y en los ultramarinos, entre el pescado
fresco y otoñal y los tarros de atardeceres
pasados de fecha. Y no hay mucho más
que decir: los solitarios pasean bancos
verdes y la lluvia parece estar a punto
en el cielo de las bolsas de la compra.