LAS CIUDADES INÉDITAS / 14


En el escaparate de una tienda de electrodomésticos

los barcos sumergen sus bocas. Para beber, te digo.
El amanecer en una lata de conservas es casi
lo único que nos consuela después de desangrar
el cielo. Atamos en lo alto de las ventanas
veranos sucios con nuestras cuerdas vocales.

Para cuando la lluvia de destornilladores y los bancos

de peces-alfileres vuelvan a ser la ropa nublada
de las estatuas. Para cuando el viento nos acuse
de estar parados en los pasos de cebra, mirando
el zoológico de gestos de las mujeres de la limpieza
y los árboles-martillos que empiezan a mudar de piel.