LAS CIUDADES INÉDITAS / 10


Un cuervo pasa justo cuando el cielo no estaba

mirando. Las cosas siempre suceden así.
El hombre que sostiene la guillotina solo es

un paréntesis. Cuál la palabra de su pupila abierta,

la luz que no molesta a los dedos de las velas.
El verano averiado cuelga del cuello de botella

de la plaza, los bancos del parque son lenguas

olvidadas, el reloj cose la camisa de la hierba.
Cuando la guillotina cae el aire es más pesado.

Tal vez por eso cae. Otro cuervo pasa,

ahora por la mano del mozo de almacén,
los que lo han visto dicen que sonaba tan puro

como una campana, igual de pura.