Como esos transatlánticos que se hunden
irremediablemente en el océano.
Los supervivientes se sienten vencedores
sobre los ahogados, éxtasis de la conquista.
Un náufrago no es muy distinto de un sacerdote.
Su idea de orilla se aleja con cada brazada.
Aun así la persigue.
El horizonte es un fin en sí mismo.
Como una ciudad imaginada a partir de sus ruinas
o la lluvia a partir de los huesos de un charco.
La belleza crece proporcionalmente a la distancia,
ya sea en el tiempo o en el espacio.
domingo 29 de enero de 2012
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1 comentarios:
El horizonte es un fin en sí mismo.
Me quedo con esto.
Un beso o 2 #
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