EL VIENTO EN LAS CORTINAS

Dejo la puerta del pasillo entreabierta,
la mañana va de un lado a otro de la casa,
entra y sale del comedor
como las mujeres encargadas del servicio.

¿Qué permanece
cuando todo se ha marchado?
¿Qué queda de nosotros entonces?

El viento está en las cortinas

y un instante después
ya no está en ninguna parte.

EL MEJOR MOMENTO DEL DÍA

Cuando los albañiles se descuelgan
por el andamio que recubre el edificio
y se increpan unos a otros,
haciendo aspavientos,
que lo han hecho todo mal
y que tendrán que empezar de nuevo.

El hombre que camina valiéndose de su bastón
se detiene en la acera de enfrente
y ve cómo se enciende una ventana,
parece a punto de confesar algo
pero rápidamente se apaga la luz
dejándolo todo como estaba.

ÚLTIMO DÍA DE VACACIONES

Una mañana de agosto,
cuando la niebla ya se ha disipado
y en el tendedero
las camisas nos despiden con la mano.

Hasta pronto, sol clavado en el cielo.
Hasta pronto, mudo océano Atlántico.
Los barcos, sin prestarnos atención,
siguen caminando sobre las aguas,
ajenos a las miradas de sorpresa
de los bañistas más madrugadores.

HOJAS EN OTOÑO

Una hoja arrastrada por el viento,
una hoja caída de un árbol
que observa atentamente
todo lo que ocurre con ella.

Calle abajo,
como si se dirigiera hacia el fondo del asunto,
aunque una vez haya llegado allí
no habrá descubierto nada,
y querrá regresar al principio,
pero no será posible
porque el viento ya habrá dejado de soplar.

EL ARCA

La gente camina sin rumbo
por las calles,
sin ir a ningún lugar,
sin venir de ningún lugar,
como palabras en las páginas
de una vieja Biblia.

Mientras un hombre de brazos fuertes
continúa dando martillazos
en mitad de la plaza,
construye un barco
con el que sacarnos de aquí
si empieza a llover.