viernes, 27 de marzo de 2015

OTRA TAZA DE CAFÉ ANTES DE PARTIR

Remangado, el día ya comienza siendo una mudanza agotadora. Este sudor que llega en los primeros taxis. Este cansancio de levantarse una azotea.

La noche ya no pesa en los cines, la luna ya no se arruina en los garajes.

Y a dónde van todos esos ángeles vestidos con el cuero de la adolescencia.

Remangado, el día pone su carnaval en los comercios, trasladan las voces los autobuses más huraños.

Comulga el sol en la verdura fresca de los parques, se humedece el cielo en la fiebre lenta de los arbustos, arrastran los gatos el aire gris de los arrabales.

Remangado, el día ya comienza siendo un hombre solo. Las plazas se desangran sin prisa. Y en las campanas el tiempo pone sus animales domésticos y sus plantas de interior.

UN ARTISTA DEL TRAPECIO

Después de leer a Kafka estuvo lloviendo durante días en nuestro apartamento. A ti te gustaba caminar bajo la lluvia, la luz era un tubo fluorescente o un grafiti.

En invierno las cosas pesan más y todos los barcos son barcos hundidos, dijiste.

Cuando salías de la ducha el olor a jabón corporal llegaba hasta las páginas del periódico. Era una sensación de calma, como el instante anterior a una tormenta.

En verano hay demasiado de nada en el cielo y el sol es una puerta cerrada.

Después de leer a Kafka los niños estuvieron lanzando piedras contra las ventanas del mar. A ti te gustaba mirar a través de los cristales rotos, el silencio era un pájaro agarrado a los pies del horizonte.

miércoles, 11 de marzo de 2015

LOS ÁNGELES QUIEREN LLEVAR MIS ZAPATOS ROJOS

Voy a recorrer esta ciudad hasta caer rendido. Como un saxofón. Como un aplauso. Como un sauce.

Voy a buscar en las paradas de autobús una isla desierta.

Seré un paisaje con las manos abiertas, igual que una fuente en la que el cielo se repite, impar.

Seré un parque donde la noche es un caballo muerto, seré el pájaro que huye asustado de los parquímetros.

Voy a tirar el crepúsculo sobre los pasos de peatones y voy a beber todo el vino triste de las tiendas de ultramarinos.

Voy a recorrer esta ciudad hasta caer rendido. Como un teatro. Como un charco. Como un parking subterráneo.

domingo, 1 de marzo de 2015

THE MAN IN BLACK

Un niño se acercó a mí para hablarme. Dijo: Tengo un arcoíris manchado de sangre. Dijo: El mar es una inmensa lavadora. Dijo: Hay ciudades en la mochila de la lluvia.
 
Todo estaba vestido de negro o era de noche, en el puerto los barcos hacían el muerto, los árboles arrojaban pájaros contra el aire o era invierno.
 
Retroceder no significa necesariamente alejarse del incendio.
 
En la playa los cuerpos amanecen más despacio, las huellas se dispersan, la espuma de las olas envuelve las cosas con papel de regalo.
 
Pero todo estaba vestido de negro. Todo estaba vestido de negro y el niño ya se había marchado.

lunes, 19 de enero de 2015

JERRY LEE LEWIS

Tocaba el piano como si le estuviera dando una paliza,
tocaba como si llevara dentro al diablo.
Grandes bolas de fuego. El asesino, le llamaban.

Aquella mañana puse un disco mientras tomaba café
y el sol trabajaba sobre las casas bajas,
pensé en ti, pensé en que pronto iba a morir,
pensé en todos los lugares que me habría gustado visitar.

El mar, un poco más lejos, hablaba despacio,
algunos barcos, pájaros apoyados en los árboles
como cantos rodados, toda la oscuridad de los callejones
hecha pedazos de repente, la noche un gato escabulléndose.

Después de todo, uno siempre acaba quedándose solo.
El asesino, le llamaban. Y una bolsa de plástico
jugaba a envolver el viento a lo largo de la avenida.

domingo, 18 de enero de 2015

ROCK THE CASBAH

Quería morir como Jim Morrison,
a los veintisiete años y en extrañas circunstancias,
y que la gente peregrinase a mi tumba
desde cualquier parte del mundo.

Quería escribir versos enigmáticos como Rimbaud,
irme a África y abandonar para siempre
la poesía, pero no pudo ser.

Quería recorrer París como Walter Benjamin,
quería emborracharme como Malcolm Lowry,
quería cruzar América como Jack Kerouac.

Pero no pudo ser.

Quería cantar como Bob Dylan,
con esa voz de mercurio colgada de una azotea,
con esa voz llena de gravilla
clavada en el corazón azul de los pájaros.

Quería invitar a cenar a Sylvia Plath,
quería conducir un cadillac como Joe Strummer,
quería fingir mi secuestro como Houellebecq.

Pero no, no pudo ser.

jueves, 15 de enero de 2015

CAMINAR BAJO LA LLUVIA

La memoria se ha arrojado desde el balcón.
Por donde empieza la noche es más fácil darle forma
al mundo, o encontrarse con paisajes
que la infancia no ha arrasado.
Trazar las paralelas del silencio de un árbol ciego,
soplar las ascuas débiles de un fuego amigo.

Caminar bajo la lluvia es sencillo y es barato;
vencerse en el miedo del mar, algo con lo que entretenerse.

Las habitaciones de hotel ablandan la nostalgia,
su Ítaca vendida a precio de ganga,
esas ganas de alejarse del hogar.
Entonces andar es una cuestión de tozudez,
el tartamudeo de unas calles ordenadas al azar.

Coger aviones, buscar taxis, difuminar vagones de metro.
Las ciudades nos ofrecen sus recursos,
soledades que los sastres
reconocen en los recortes de nuestras camisas.

martes, 13 de enero de 2015

UN DISCO DE VAN MORRISON

Antes lo detestaba y ahora, ya ves,
aquí estamos, el sol se viene abajo,
el invierno todavía tiene mucho trabajo que hacer,
¿cuál era esa canción que tanto te gustaba?,
and the healing has begun,
y sin embargo aquí estamos,
dentro de la música, extraña fruta, el sol
se viene abajo, tatuaje lento sobre tu hombro,
la nostalgia de las barcas en el puerto,
nosotros en el lado brillante de la carretera,
con esa luz de aguardiente que deja enero
en todo lo que toca, y la voz alejándose
como los caminos de tierra que van hasta la infancia,
y el piano desteñido de las cosas como son,
antes lo detestaba y ahora, ya ves,
aquí estamos, año mil novecientos setenta y nueve,
el sol se viene abajo, el invierno
todavía tiene mucho trabajo que hacer.

miércoles, 7 de enero de 2015

EL OLOR DE LAS FLORES DE PLÁSTICO

El día pasó como un ciervo
que se cruza de repente en la carretera
obligándote a dar un volantazo
para esquivarlo.
Así que ahora la noche
inflama las farolas y revuelve los árboles
y sus sombras obesas por las aceras.

Sin embargo, en el interior de la casa,
invierno y primavera se confunden
en las flores de plástico del jarrón
como dos bailarines en una pista desierta,
sin importar nada más
que los giros perfectos de sus cuerpos.

EL BARBERO

Lleva muchos años
instalado en nuestra calle,
pero no creo que nadie conozca su nombre.

Podría contarte la historia de muchos hombres,
sus infidelidades, sus sueños,
cómo lo perdieron todo durante la guerra.

El cartel de la barbería
está gastado
como la fruta después de un aguacero.

Siempre atiende a sus clientes
con la aguja que señala los minutos
en el viejo reloj de pared.

Un leve temblor de su mano
y todo el trabajo realizado hasta entonces
habría sido en vano.