LAS NUBES SE ACERCAN POR EL OESTE

La oscuridad nos prepara
para lo que está por venir, cielo de tormenta,
nubarrones sacados de alguna mala película.

Los primeros paraguas se abren,
sus ojos clavados en el fondo del sueño,
nosotros pasamos muy deprisa,
recortados por las luces que cuelgan de las farolas.

Deberíais tener miedo, nos dice el tendero.
Cordura, si todavía estás por aquí
no dejes que confundamos
la valentía con la temeridad.

EL CARPINTERO

Se ha llevado las puertas del mueble del comedor
para reparar las bisagras,
la tristeza se escapa de las copas de cristal,
gira alrededor de las fotografías,
se acuesta en la alfombra un instante
y vuelve a empezar.

Mientras afuera, en la calle,
el otoño requiere que todos pasen
de un lado a otro,
empujando sus preocupaciones y sus dudas,
mezclando todas esas frases,
yendo hacia algún lugar
o volviendo de algún lugar
que nunca está donde habían imaginado.

TELEOLOGÍA

Paseábamos por el campo,
sabíamos que todo tenía un fin,
aquellas cosas habían sido puestas allí
para algo, sin duda.

Un campesino araba la tierra,
la camisa sucia, los surcos precisos,
el sudor resbalando como un collar de perlas.

Entonces un caballo pasaba deprisa,
desordenaba todo el trabajo del campesino,
desaparecía de nuestra vista.

O puede que no fuera un caballo.

UN ESPEJO

Entra por su izquierda, sal por su derecha,
como si cruzaras un maizal
en la madrugada, todo en silencio.
Puedes detenerte, mirar tu cuerpo
algo encorvado después de un día largo,
lo que está detrás de ti
acumulándose delante por un momento,
esbelto y frío, parecido a una catedral.

No te preocupes, cuando te marches
todo seguirá estando ahí, aguardando,
otros después de ti se detendrán igual que tú,
maravillados por las vistas,
añorando lo que el tiempo empujó
hacia un lugar que la memoria
ha dado por perdido, a pesar de las evidencias.

ADOLESCENCIA

La luz del comedor encendida,
puedo verla desde el fondo del pasillo,
como si estuviera sentado en mitad del invierno
mirando esa pequeña barca rojiza
balanceándose a solo unos metros de las rocas.

El mar bate con fuerza,
el viento arrastra sus cosas de un lado a otro,
yo me reclino en la silla
y miro al techo que parece oscurecer,
alguien se acerca a mí,
recoge el antifaz de la adolescencia,
se marcha sin decir nada.