viernes, 31 de octubre de 2014

VIENTO IDIOTA

Todo lo que amo se acaba perdiendo
en los cajones, algo así dice la canción.
Espero un mensaje con un lugar concreto,
ahí es donde nos encontraremos.
Después todas las calles son la misma,
ese viento trayendo y llevándose algunas cosas.

Paseamos por una ventana
abierta como un tren a medianoche,
vieja tabla de multiplicar que nunca
se equivoca. Ahora somos jóvenes,
parece una escena de alguna película
francesa. Lo que viene a continuación

son los puntos suspensivos de un parque
o la luz apagada de un abrigo colgado
de la mano sucia de una playa,
un elenco de rostros sacados de las fotografías,
alguien llamando por teléfono
para saber qué tal día hace lejos de allí.

jueves, 30 de octubre de 2014

COMO UN ÁNGEL EN MANOS DE UN BARBERO

Arthur Rimbaud

Guardé mis cosas en el puño blanco
de la nieve, preparé mi maleta de agua
salada, envejecí y partí cuando el sol
tocaba el saxofón vacío de la playa.

Hombres de rostros extranjeros
construían manantiales o abetos o tigres.
Las fábricas vaciaban lunas de humo
que imitaban los pies de los ángeles.

Puse la palabra medianoche
en el buzón hirviendo del verano,
apoyé peces plata en el tejado del océano.

Y se quedaron sin hojas los pianos
y todos quisieron saber por dónde salir,
pero las campanas estaban hablando solas.

EL ATARDECER VUELVE SIEMPRE COMO UN VESTIDO

Hay algo que debes saber,
y está olvidado en algún estante
o perdido en algún bolsillo. El sol
a estas horas es una auténtica chapuza.

Pasean cogidos de la mano, él y ella,
vienen de la tarde, aburridos ya
los árboles. Traen algo que decir,
como palomas en un cielo de imperdibles.

Es importante deducir el camino
en una taza de café muy oscuro,
adivinar el primer grano. La infancia
es un lugar difuso, un teléfono insatisfecho.

Nadie teme los nombres tachados. No sé
por qué, siguen estando ahí, observando.
Hay algo que debes saber. La soledad
es un mechón de viento en un salón vacío.

lunes, 27 de octubre de 2014

JOHN ASHBERY A FINALES DE OCTUBRE

Creo que voy a escribir poemas de amor, son
mucho más efectistas. Esto es un simulacro de otoño,
tan solo durará un par de horas más.
Las cosas importantes las escribiré en inglés.
La lista de la compra será un mensaje
en clave. Nadie lee las ventanillas de emergencia
en pleno accidente. Si llamas al fontanero
dile que el mar todavía sigue averiado.
Este cielo de sangre fría acabará
contra el suelo, como ocurre con todos los cielos.

Ensayo mi discurso como la lluvia ensaya
su caída. ¿Sin vuelta atrás?
Si me das la mano en este instante sabrás
a qué me refiero. Cuando digo que la puerta está
abierta los pájaros se escapan como si esto
fuera un armario. Donde la luna
puse una caja de música, donde el parque
puse una vela encendida. Esperar a que se consuma
es repartir el amanecer en calcetines de colores.

domingo, 26 de octubre de 2014

COLORES CÁLIDOS

El día que trepa por el día
como una hiedra. Nuestras miradas
acompañadas. Sol aquí
y allá, ausencia de mar alrededor.

Todo colores cálidos, impropios
de esta época del año, excepto
por las hojas caídas. La ciudad
un monumento de silencio y hormigón

distorsionado. En la mañana
el café es un pretexto, una caricia.
El idioma del vacío una bolsa
de basura. Nos damos unos metros

de ventaja: las sombras que nos quedan
también vuelven hasta nosotros.

LOS PRIMEROS EN LLEGAR, LOS PRIMEROS EN MARCHARSE

El cielo se obsesionó con el color azul
en pleno octubre, pero sabíamos
que habría de llover de nuevo,
era necesario para aquello que tuviera que ver
con crecer: las plantas, la memoria,
la tristeza de los coches aparcados,
envueltos por las sombras de los árboles.

Alguien en el salón habló del océano.
Conocía los engranajes y los horarios,
parecía estar seguro de que en algún momento
uno de nosotros se levantaría
e iría a mirar por la ventana, decidido
únicamente a perder sus ojos en la distancia.

La comida terminó y el salón se vació.
El cielo se fue llenando de manchas pero
ya no había nadie allí para pensar que llovería.
Y quién iba a limpiar ahora
todos esos platos perfectamente ordenados.

PEQUEÑOS RUIDOS, PEQUEÑAS MAÑANAS

Los pensamientos de ayer
se han extendido hasta hoy, lenta
pero definitivamente,
como una enfermedad terminal.

La niebla es un cáncer masticando
el cielo y las ventanas del mar
siempre están abiertas.

He celebrado muchos días
con versos
que mentían nostalgia.

Ahora solo quiero bailar
hasta apagar las ascuas de mis pies,
golpear con mi cuerpo el aire
que se ríe a nuestra espalda.

Y cerrar esas ventanas
para que no vuelva a entrar nadie.

sábado, 25 de octubre de 2014

ESPERA HASTA EL MEDIODÍA

La música de la casa: un espejo
pensando rostros que ya no están:
bronce hablando en los candelabros.

Por el pasillo los peces se alejan
de los peces y un hombre arrastra
un cuerpo hasta el borde del cuerpo.

Mira la ventana mirarse: la mañana
durante la noche aguarda
como el viento apoyado en el viento.

Una lámpara abre sus manos: cuánto
durará el negocio del sol primaveral:
espera hasta el mediodía,

todavía podemos contemplar el mundo
con ignorancia.

viernes, 24 de octubre de 2014

CUALQUIER PARTE MENOS ALGUNA PARTE

He dispuesto algunas calles sin numerar
para poder perderme cuando bajen las sombras
de los árboles. La mañana es
una trampa para ratones. Esta soledad
tan cómoda nunca se queda en el traje.

Hay sol, sí, cruje en las panaderías. Ahí
es donde debes ir a buscarlo
cuando el invierno se queja sin mar abierto.
Este sol que no tiene vecinos
y huele a nuevo.

No te dije nada de las plazas. 
Bueno, tienen los ojos como platos, esperando
nada, y se leen de izquierda a derecha,
como todo,
excepto el cielo cuando está nublado.

jueves, 23 de octubre de 2014

SI NO PUEDES VERLO ES QUE NO ESTÁ AHÍ

Pasan horas, lo que del iceberg
no importa, lo que queda bajo el agua.
Pasan horas, opacas, quietas, infinitas,
como una estación de servicio.
Estos días con apariencia de escopeta.

Estos días también pasan. Apaisados,
cansados sobre las chaquetas frescas
del otoño, oficinas de recuerdos
más largos, más caros también. Estos días
que se han quedado ya sin máscaras.

Tesoros que nadie entiende
en el estómago de los barcos, estos días
también pasan. Aunque no lo parezca,
el tiempo, reptil pesado, se arrastra
por los hombros de las hogueras, sin gastarlas.