Estoy triste y desolado como un blues de Pink Anderson y la sonrisa de las cajeras es dolorosa como la sal de los amaneceres de madera.
Estoy solo y asustado como un martillo a medianoche y el cielo a ratos azul a ratos gris se agarra de mis ojos como una butaca de cine.
Estoy triste y desolado como un blues de Pink Anderson y el perfume de los ascensores se parece a una mujer corriendo por un bosque incendiado.
Estoy solo y asustado como un teléfono descolgado en el desierto y la lluvia se arrastra por mis huesos como las palabras del predicador
o el pájaro que gira sin parar encerrado en un piano de cola.

